
Esta tarde mientras me dirigía a pasar consulta me encontré con un amigo que cabizbajo se dirigía hacia mí, es curioso cuando en una ciudad como la nuestra, entre la muchedumbre, destaca una persona con el semblante abatido, posiblemente sea ese radar de empatía que somos, que nos hace centrarnos en aquellos que no comparten nuestro estado de ánimo. El señor H, por no dar más datos, se acababa de casar con la mujer de su vida, o por lo menos hasta unos minutos después no me enteré que no lo había sido. Mi extrañeza fue observarle con tal sentimiento de tristeza. H, es profesor, tiene un trabajo relativamente cómodo, ha conseguido comprarse una casa en una zona residencial de Tenerife y bueno, realmente parece el prototipo de hombre feliz (evidentemente quien haya leído mis artículos sabe de sobra que las pequeñas alegrías que nos brinda la vida, no nos tienen porque dar la felicidad), pero incluso H, es una persona con un determinado bienestar personal, que le permite sobrellevar pequeñas crisis personales con cierta capacidad de resolución.


