Sabias que generamos más de cuarenta pensamientos por
minuto, es decir unos setenta mil pensamientos por día, según nos plantean
diferentes estudios realizados por la Universidad de California. De esos casi
el setenta o el ochenta por ciento según Russ Harris en su libro “La Trampa de
la Felicidad” tienen una negativo, es decir van a potenciar en nuestras vidas
malestar, ya que se conforman de nuestras inquietudes o de nuestra
desconfianza. Estaríamos hablando de cincuenta y seis mil pensamientos
negativos diarios.
Pero sin duda alguna el potencial de nuestras neuronas es
increible: ¿sabías que cuanto más tiempo puedan experimentar las sensaciones
que se producen al disparar emociones positivas como la gratitud o la
felicidad?
Estas emociones quedan almacenadas más intensamente en
nuestro cerebro y así de alguna manera están impregnando de manera positiva
nuestra mente, lo que nos hace potenciar nuestro bienestar.
El neurocientifico Rick Hanson nos plantea que a más tiempo
permitimos a nuestras neuronas que logren disparar emociones como la felicidad,
la gratitud, la esperanza, están van a dejar una huella cada vez más intensa.
Pero claro que esa tendencia natural que tenemos a quedarnos
enganchados a las experiencias negativas, genera sufrimiento y nos ancla en esa
sensación negativa ya que no potenciamos un gestión que nos permita
experimentar esa capacidad de brindarles más tiempo en nuestra vida a esas
situaciones positivas para que se fijen en nuestra memoria a largo plazo.
El cerebro tiende a reaccionar de una manera muy intensa
ante las malas noticias, mientras que las buenas las dejamos pasar sin
prestarles atención. Este fantástico órgano está preparado para garantizar
nuestra supervivencia, y lo hace de forma espectacular, pero eso sacrifica en
múltiples ocasiones nuestro potencial de felicidad, ya que se ha acostumbrado a
detectar amenazas y por ello debemos de potenciar la posibilidad de que
aprendamos a gestionar herramientas que nos ayuden a sacarle partido a esas
buenas experiencias que en ocasiones pasan por nuestra vida sin pena ni gloria
y sin duda eso hace que nos construyamos acostumbrados a movernos en terrenos
que entendemos no peligrosos, algunos denominan a esta forma de
auto-protección, zona de confort. Esta auto-protección o zona de confort es
útil en situaciones de miedo real. El miedo es una de nuestras emociones
primarias, y aunque desagradable, en ocasiones es muy necesaria para no actuar
temerariamente.
Debemos de entrenar a nuestro cerebro a que se acostumbre a
experimentar la felicidad, para ello debemos de aprender a focalizar nuestra
percepción y así poder disfrutar el presente potenciando la vivencia de las
emociones positivas. Atesorando así experiencias positivas en nuestra memoria.
Por esa razón al experimentar cotidianamente dichas experiencias nos permiten
aventurarnos a salir de la zona confort lo que nos permite crecer como
personas.
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